dimecres, 17 de gener de 2018

Gurús y sentido común

Paco Gay, Profesor, Colaborador Científico
Área de Dirección de Personas en la Organización
IESE - Universidad de Navarra


De pequeño tuve la suerte de poder convivir muy estrechamente, y durante mucho tiempo, con mis abuelos paternos. Aunque entonces no fui muy consciente, le debo muchas cosas a esa experiencia sin par. Por ejemplo le debo haber “bebido”, vivencialmente más que en lecciones de aula, cultura popular a raudales y, con ella, lecciones magistrales de economía, de gestión, de negocios, de dirección de personas, de comunicación no verbal, de estrategia, de marketing, de…, en fin, de la vida.

Como le gustaba decir a Juan Antonio Pérez López, q.e.p.d., en su taxonomía educativa, mis abuelos fueron auténticos maestros para mí, y no instructores ni profesores, porque me enseñaron a vivir y no sólo me transmitieron conocimientos que, por otra parte, los tenían aunque muy limitados. Seguro que no pasarían hoy el corte de la Primaria por mucho que la Logse la haya devaluado. Me inculcaron que “cuesta más hacer las cosas mal, que hacerlas bien”. Con el tiempo leería –como tantos otros– a Tom Peters y lo de la excelencia. Viví las consecuencias de actuar irreflexivamente, con el cariño de la abuela ayudándome a ver la conveniencia de planificar, actuar en el momento adecuado, recorriendo conmigo el proceso de análisis de las consecuencias, para los demás y para mí, de mis decisiones y actos; enseñándome a generar alternativas, animándome a no renunciar al objetivo ante circunstancias y/o condicionantes adversos, enseñándome la diferencia entre circunstancia y condicionante y, en ambos casos, a asumir que la decisión era mía y no de los factores del entorno.

Claro que, ahora, quizá lo puedo escribir así porque, con el tiempo, yo también leí a Edward de Bono y descubrí lo del pensamiento lateral, leí a S. Covey y me empapé de sus siete hábitos e incluso del octavo, leí a Schein y relacioné estrategia, plan de acción y resultados, y también leí a Peter Drucker, y a Kottler, y a muchos otros que han configurado mi pensamiento. Apareció el coaching y recordé lo del acompañamiento de mi abuela, con mucho cariño, en el análisis del proceso de decisión de mis actos irreflexivos y, mejor aún, en la toma de conciencia de las consecuencias de mis actos y decisiones en los demás. Claro que como vendedor y posteriormente jefe de ventas estaba bastante acostumbrado a lo que por aquel entonces tan sólo se conocía como “visitas acompañadas” y “retro visitas” y, si por aquel entonces nos hubieran dicho que eso era coaching, hubiéramos soltado algún exabrupto al interlocutor. Después leí y estudié pero antes viví y, sinceramente, creo que nada de lo que los Gurús me aportaron hubiera servido de mucho sin lo anterior.

Mi abuelo me hizo un día la siguiente reflexión: “en los tratos, siempre sucede que lo que uno pierde otro lo gana”. Me reí. Hoy creo que es la mejor lección de economía y comercio que nadie me haya dado nunca. En una conversación entre ellos pude oír que: “toda finca se puede mejorar, hasta la total ruina del propietario”. No creo que haya nada mejor para poder comprender el significado del ratio coste/utilidad. A mi abuela le gustaban mucho los refranes y sabía muchos más de los que yo ahora –por desgracia para mí–, sé. Ella me enseñó a descubrir las lecciones de vida que hay en las estrofas de los cantes populares, cantaba para mí y, luego, me comentaba la letra y su significado. “Hay ahorros que cuestan dinero”, me comentó una vez. ¿Se le ocurre a alguien mejor manera de diferenciar inversión de gasto? “El mundo es redondo, da vueltas y, a la larga, siempre paga o cobra”. Pues esto ha dado lugar a bibliotecas enteras que bastantes hemos leído y que no tantos han integrado en su vida.

Teoría sobre práctica
Los Gurús me ayudaron a poner teoría sobre la práctica y, en muchas ocasiones, a tener una visión más esférica, global y biunívoca de los temas que, hasta entonces, habían sido para mí lineales y unívocos. Hoy, desde mi perspectiva de profesor de escuela de negocios y consultor, detecto muchas situaciones inversas: personas que tienen un elevado contenido teórico pero que no han tenido, aún y a pesar de sus más de 35 años como media, experiencias vitales con las que contrastar y asentar esos conocimientos teóricos ni, en su niñez y primera juventud, un coach como mis abuelos lo fueron para mí. Observo cómo los Gurús crecen en cantidad, en intensidad y en influencia, mientras que la cultura popular se desvanece y la experiencia vivencial se retrasa y cómo, por otra parte, los tiempos modernos no facilitan precisamente la convivencia de tres generaciones en un mismo hogar.

Los directivos demandan sesiones de formación en las que se les ayude a recuperar sentido común. Empiezan a estar decepcionados de la técnica y de los Gurús y detectan que les falta “sentido común”. Hartos de cambio de léxico, no necesariamente acompañado de cambio de concepto, buscan las raíces y empiezan a ser conscientes de que de mala manera se puede gestionar el EBITDA si uno no comprende el sentido común que hay tras el concepto “margen de contribución”. Empiezan a sentirse víctimas de una moda que les lanza a una permanente actualización terminológica, mejor si es en inglés, en la que tan sólo cambian los términos. Se empiezan a cansar del análisis del matiz sin que se les ayude a comprender el fondo.

Me temo que podemos estar en vísperas de un nuevo “pendulazo” y, esta vez, en sentido contrario: decidir el regreso al sentido común y prescindir de los Gurús. Yo creo que ambos son necesarios, por complementarios, pero también creo que nos hará bien ser capaces de recuperar el orden adecuado: sentido común y Gurús, y que nos vendrá bien recordar que los auténticos sabios de la humanidad son del siglo II antes de Cristo y anteriores. Que la humanidad lleva siglos sintetizando sentido común y que esa síntesis sigue siendo válida por mucho que la técnica, la tecnología y la cibernética avancen. Que hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad, se puede escuchar en zarzuelas del siglo pasado, y fue Heráclito quien formuló aquello de que lo único que permanece es el cambio, lo cual no obsta para atender a los últimos descubrimientos sobre el funcionamiento del cerebro humano y las explicaciones científicas que están aportando “racionalidad” a lo que Aristóteles ya formuló, tras la observación de la conducta humana, en su filosofía empírica.

Aristóteles y Góleman, por ejemplo, se complementan. Pero creo que es más útil a la persona intentar aplicar Góleman si previamente ha leído y comprendido a Aristóteles, que aplicar Góleman desconociendo a Aristóteles. “Somos enanos a hombros de gigantes”, para finalizar, es otra frase que me explicó la abuela. Creo que es un buen resumen de la evolución de la humanidad y un buen cristal para mirar el mundo actual.

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